Lo que hacen (y lo que no).
Las lentes amarillas filtran parte de la luz azul del espectro visible. Eso produce dos efectos reales: aumentan el contraste percibido y reducen la cantidad de luz que llega al ojo.
El primer efecto es útil en varias situaciones. El segundo es lo que determina cuándo tiene sentido llevarlas.
Para qué funcionan bien
- Uso intensivo de pantallas, sobre todo al final del día. Reducen la fatiga visual percibida en sesiones largas frente al ordenador o el móvil.
- Condiciones de baja luz diurna: niebla, lluvia, días nublados, atardecer. Filtran la luz azul dispersa que crea neblina visual y mejoran la definición del contorno.
- Conducción con lluvia o niebla. Algunos conductores reportan mayor comodidad subjetiva en estas condiciones. No mejoran la visión nocturna objetiva, pero el confort percibido es real para mucha gente.
- Deportes con poca luz: caza, ciclismo, esquí. Ayudan a identificar cambios de terreno y siluetas contra fondos complejos.
Para qué no funcionan
- Protección solar. El tinte amarillo no protege de la radiación ultravioleta. Para eso necesitas UV400, que puede combinarse con la lente amarilla.
- Visión nocturna objetiva en carretera. Al reducir la luz disponible, pueden dificultar la agudeza visual en condiciones de muy poca luz. No las uses como solución para ver mejor de noche.